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El kimono, vestimenta tradicional del Japón, data del año 800,
aproximadamente.
Hubo una gran influencia china, y el inicio del
kimono actual se dice que fue en la era Momoyama, entre los años
1536 y 1598. En la era Edo, que duró 265 años, desde 1603, sufre
una serie de transformaciones: comienzan a usarse distintos
tipos, acorde con las necesidades y la ocasión en donde se lo
utilizaría: campo, ciudad, trabajo, etc.
En la época Meiji (1868-1912) comienza a
introducirse la ropa occidental, relegando al kimono.
En la actualidad, las mujeres han empezado a
redescubrir esta vestimenta, valorando su elegancia.
Es increíble que una larga franja de tela se
convierta en algo tan hermoso. Todas tienen la misma forma, pero
se adecua a cada físico.
Otro detalle es que no tiene botones y se ajusta
con una faja de unos 3.5 metros (Obi), que puede variar según a
quien se destine y para qué ocasión se utilice, pudiendo estar
bordados con hilo de oro y plata, pintados a mano, hasta el más
simple, despojado y austero. El anudado del mismo tiene un fin
decorativo: más llamativo para la joven, más sobrio para las
señoras.
También los kimonos varían acorde a la ocasión:
existen los formales para los casamientos, reuniones importantes
o protocolares, y los informales para la ceremonia del té,
visitas y graduaciones. Se completa esta vestimenta con un
calzado (zori) y medias (tabi).
En el año 1984, la Profesora Sumida,
perteneciente al Sodo Kimono Gakuin de Japón, se propuso
desarrollar esta disciplina en Buenos Aires, hasta ese entonces
poco conocida. Sus enseñanzas, impartidas con dedicación,
hicieron que esta vestimenta sea conocida y admirada en cada
demostración.
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