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Por Tomás Yamada
La pintura original japonesa
Yamatoe enriquecida por el arte importado de China y de
Europa, tuvo una gran variedad
de procedimientos, técnicas y estilos que fueron evolucionando a
través del tiempo.
Como en todo arte japonés el lenguaje pictórico también se
manifiesta a través de la disciplina, de la búsqueda del Do
(camino de superación)
y de su estética inspirada en la Naturaleza.
La vitalidad más importante de la pintura oriental reside en el
trazo (la pincelada), en buena parte derivado en sus orígenes de
la escritura y de las características propias del instrumento
empleado para pintar.
Los diversos procedimientos plásticos
para obtener la imagen pictórica conforman técnicas que
enfatizan el Continente - con un elaborado diseño como en el
Yamatoe, Hakubioga o el Ukiyoe o bien
resaltando el Contenido - con espontaneidad y síntesis como en
el Habokuga, Sumie o el Hatsubokuga.
La transmisión del arte pictórico y sus principios en Oriente se
realizó a través de los Ryû - (fluir de agua, corriente,
Escuela-Estilo) brindando coherencia en el lenguaje plástico y
en las obras. Como las Escuelas Kano, Tosa, Maruyama-Shijo,
Sotatsu-Korin, Rimpa, etc.
Conjugando los principios plásticos y la sugerencia de Oriente
con el realismo de Occidente se desarrolló en nuestro país el
estilo de Pintura Contemplativa ©, que se fundamenta en los
principios estéticos orientales de unidad y complementación
energética, tal que el diseño y la pintura están basados en la
Armonía Orgánica de la Naturaleza.
En su Do, camino ético y estético no se representa el
objeto tal como se visualiza sino que se presenta su campo vital
y energético. Mediante los argumentos plásticos, la vivencia
interior del artista y por empatía con el objeto a pintar. Es
decir que no se busca sólo su apariencia exterior, sino
presentar su ser y su parecer.
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