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Aurora
Oshiro
"Venimos
a esta vida a aprender de lo bueno y de lo malo"
Ordenada en Japón por la Escuela Soto Zenshu, desde el
2002 dirige el monasterio de Kumamoto, lugar en el que se hace el retiro
internacional y a donde se dirige gente de todo el mundo para realizar
la práctica de Zazen. Trascendiendo las categorías religiosas, esta
argentina asegura que "cada uno encuentra su propio camino", sea el
católico o el musulmán, y habla de la cuestión del silencio y la
contemplación.
Un metro y habrá logrado cruzar Cabildo, pero en vez de
apurar los pasos antes de que el semáforo le muestre el rojo, la señora
se inclina hacia su derecha para recriminarle algo al taxista que de La
Pampa ha doblado para tomar la avenida. Es un jueves de invierno,
anormal, podría decirse: hace cerca de 20 grados. El conductor algo le
debe estar gritando, al igual que la señora, y a unos metros, en la
esquina en donde hay una confitería, los taladros de los empleados de la
Ciudad de Buenos Aires perforan la vereda y el 168 y los autos
particulares hacen sonar las bocinas, y pinnnn pinnnn, y el tránsito se
detiene. Hacia el bajo, siguiendo por La Pampa, la escena es la "normal"
de una siesta: señoras y chicas con paquetes, motitos de delivery,
taxis, taxis y taxis, algún local en refacción y los escolares caminando
de la mano de sus madres.
Acá adentro, sin embargo, parece haber una frontera
para la vida urbana. La habitación es silenciosa; no es demasiado oscura
ni demasiado luminosa; ni cálida ni fría (dicen que el demasiado es el
origen de todas las perturbaciones). La simplicidad caracteriza al
departamento: apenas si hay un mueble con cajones, un teléfono sobre el
piso. No hay sillas, sí unos zafu (especie de almohadones) para
sentarse, un kakemono, una estufa con un Buda y una foto tomada en el
Jardín Japonés, en 1997, en donde figura el grupo de Zazen que desde
1987 concurría al damero para las prácticas. Parte de ese grupo es el
que ahora se reúne en este departamento de Belgrano los martes y sábados
para sentarse con las piernas cruzadas, la espalda bien derecha y el
mentón recogido. Buscan la paz, la libertad; la clarificación de la
mente; la armonía del pensamiento y la acción.
- ¿Qué es Zen?
- ¡Qué no es Zen! –me había respondido un sensei de
karate hace algo más de tres años, y esa cuestión, ¡la cuestión!, ya era
una perturbación.
"En verdad, nuestro lenguaje tiene una limitación
-explica ahora Aurora Oshiro, monja budista ordenada en Japón por la
Escuela Soto Zenshu-. Lo que yo puedo entender como Zen puede ser
distinto a lo que vos entendés. Por eso es tan importante la cuestión
del silencio, porque va más allá de lo intelectual. La definición es Zen
como meditación, pero esa misma palabra uno la utiliza para pensar, y
entonces el término meditación tampoco sería el adecuado; más bien sería
una práctica de concentración".
Oshiro, una de las pocas argentinas que instruye -aunque ella se
considera como alguien que da "una ayuda"-, habla, luego de repasar la
introducción del budismo en Japón (empezó en la India, pasó por China,
Corea y de allí a Japón), de un movimiento integrador. "Algunas dicen
que no se necesita hacer la práctica, que con sólo repetir un mantra, el
nombre de Buda, uno se libera. El Zen considera el propio esfuerzo, no
mirar hacia afuera, no esperar de afuera; uno tiene que despertarse, no
es buscar, es despertarse. Todos los seres, los animales, las plantas,
tienen la naturaleza de Buda; está en nosotros y hay que despertarlo.
Una manera es nombrándolo, reverenciándolo; otra es el propio esfuerzo,
esto es a través del Zazen, sentarse, meditar y tratar de volver al
silencio original, antes de las palabras, antes de las ideas, ante de
los dogmas. Es entrar en ese silencio para escuchar la propia voz. Cada
uno encuentra su propio camino, o sea que éste no es el único: está el
católico, el musulmán; cada uno a su manera. Es como una montaña: cuando
se está en la base todos están muy separados, y cada cual defiende su
posición; sienten que el camino es éste, que hay que subir por acá, pero
a medida que se va subiendo, todos se van acercando y llega un momento
en el que no hay nombre, en el que todo está más allá de la palabra, más
allá de los textos. He conocido a otros budistas que dicen que están en
el verdadero budismo, ´ah´, les digo, y creo que eso es la ignorancia,
la raíz de todo mal. Por eso venimos a esta vida, a aprender de los
buenos y de los malo, y por eso tampoco está la noción de Pecado
Original dentro del budismo. Uno tiene que ser tolerante".
Si a través de la historia los enfrentamientos, las guerras religiosas,
han sido una constante, ella, que desde el 2002 es la directora del
monasterio de Kumamoto en donde se hace el retiro internacional (hacia
allí se dirige gente de todo el mundo para entrenarse, conviviendo junto
con japoneses), cuenta que conoció a un cura, el Padre Alex, indio
ordenado dentro de los jesuitas y practicante de Zazen, a otros grupos
católicos que estudian y profundizan esta práctica, además de su propia
experiencia. "Yo estudié en la Universidad del Salvador y tenía
Teología. En ese momento estaba como director el Padre Ismael Quiles
(sacerdote jesuita y Licenciado en Teología fallecido en 1993, fue
decano de la Facultad de Filosofía, rector de la Universidad del
Salvador entre 1966 y 1970, e impulsor del Centro de Estudios Orientales
-hoy Escuela- dentro de la Facultad de Filosofía del Salvador. En 1988,
el Gobierno japonés le concedió La Orden del Sol Naciente con Rayos de
Oro y Cintas Colgantes), quien estudió mucho sobre Zen y que me alentó a
que viajara a Japón. Dentro del catolicismo mismo hay varias corrientes
que tratan de llegar a un nivel contemplativo".
La contemplación, justamente, es el método del Zen, el
cual ha influido a todo el arte japonés (la arquitectura, el sumi-e, el
shodo, la poesía, la ceremonia del té, las artes marciales). "Nosotros
hoy estamos bombardeados de estímulos; estamos como dentro de un rebaño,
y nos van llevando. No queremos un auto, pero nos ponen un nuevo modelo.
A través del Zen, uno se sienta frente a la pared, falto de todo
estímulo. El Zen te sintoniza, te pone en un espacio propio, sin voces.
Si bien todos tenemos obligaciones diarias, trabajo, hay que ser capaz
de poder ver, de no estar pegado a la vorágine. Eso es la contemplación.
El Zazen te enseña una postura, la idea de formar una montaña, la cual,
haya sol, lluvia, día feos, permanece estable".
"Normal"
ómo comer, cómo sentarse, eso es lo primero que uno
debe aprender antes de ingresar al monasterio de formación internacional
de Kumamoto, a cargo de Aurora Oshiro. Y una vez que se entra, luego de
esa semana de prueba, se debe pedir permiso para salir. El día en el
templo se rige al ritmo del sol. A las tres menos diez hay que
levantarse, meditar hasta las cinco, luego una ceremonia de una hora, y
el desayuno recitando las sutras. Hay un tiempo para descansar y otra
vez la limpieza, el trabajo en huertas y en el parque, otra ceremonia y
el almuerzo. La jornada culmina a las nueve de la noche.
Sin embargo, Oshiro, próxima a partir hacia Lima, Perú,
en donde asistirá a la colectividad japonesa en lo referente a las
prácticas (el primer templo Budista de Sudamérica fue fundado en ese
departamento, en 1907), además de haber formado un grupo de Zazen,
asegura que aquí, en Buenos Aires, se readapta a los horarios
habituales. "Como con mi familia -dice y ríe-, soy normal -repite y
ríe-, pero aunque no quiera, a las tres o cuatro me despierto y entonces
hago meditación, porque no puedo andar por la casa porque los perros se
inquietan. También me acuesto y leo un rato, hasta que se levantan
todos. Trato de integrarme", asegura y antes de la despedida vuelve a
repetir, "viste, somos gente normal".
Al salir de la silenciosa habitación para subir por La
Pampa hacia Cabildo, el demasiado se vuelve a instalar. ¿Qué es Zen?
¡Qué no es Zen! La respuesta sigue evasiva, y es que, como lo expresa
Kakuzo Okakura en El libro del té, "el cenismo, como el taoísmo, es el
culto de la Relatividad. (...) La verdad sólo puede ser obtenida a
través de la comprensión de los opuestos".
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Por Federico Maehama
Periodista de La Plata Hochi |
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